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¿Por qué la Policía?

PALACIO DE LA POLICIA NACIONAL - FACHADAPor Tomás Aquino G.

Es cierto, muy cierto, la delincuencia va cada día en aumento y, por ende, en el país hay más inseguridad.

Cada día, en el país hay más irrespeto, más violencia y ocurren más hechos delictivos.

Pero, la Policía Nacional no es la culpable de esa situación.

Todos queremos identificar a la Policía como un nido de víboras, o como una institución “podrida”, como la definió el diputado Elpidio Báez, el mismo que en una ocasión metió la pata y su error costó al país decenas de muertos.

Nuestra sociedad es policlasista, igual que la Policía, que tiene entre sus miembros un 85% de hombres y mujeres honestos y trabajador, con cientos de profesionales en todas las ramas. Tiene en sus filas, indiscutiblemente, un 10% de miembros cuestionado, y un 5% de sus agentes son lacras, que nadie sabe quiénes son, pero que según van sacando la cabeza, se le corta.

Por eso es policlasista, como cualquier otra institución dominicana, sea pública o privada. Pero, la Policía tiene la desventaja de que trabaja directamente con el pueblo, desde diferentes ópticas, pero principalmente reprimiendo el delito, persiguiendo al delincuente y entregándoselo al Ministerio Público.

La delincuencia tiene su origen desde el inicio de la sociedad. Pero, en nuestro país, comienza a incrementarse, sin tomar pausa, desde el año 1998, cuando el Poder Ejecutivo toma la decisión de enviar decenas de fiscales a los cuarteles policiales, para enfrentar “los abusos” contra ciudadanos y “las arbitrariedades” policiales para reprimir los actos delictivos.

Con la llegada de los fiscales, sin lugar a dudas, muchas cosas se han democratizado. Otras, sin embargo, han empeorado, porque muchos representantes de la “sociedad” son permisibles, débiles y hasta complacientes con personas que delinquen.

Pero lo más graves de todo es, que en muchos casos, prima la voluntad política sobre la realidad del hecho. En muchos casos, el Ministerio Público no unifica criterio. En muchos casos, representantes del Ministerio Público dan la espalda a la sociedad y favorecen al que delinque. En muchos casos, el Ministerio Público es enérgico con el de abajo y complaciente con el de arriba.

Incluso, hay casos donde el Ministerio Públicos conoce el mismo hecho en jurisdicciones distintas para favorecer a alguien, por el interés político.

Cuando los policías eran quienes perseguían al delincuente, lo investigaba y ponía a disposición de la Justicia ese expediente, el mismo iba bien instrumentado, sin debilidades y las quejas de los jueces eran menores.

Ahora, ocurre que los policías persiguen al delincuente, lo apresan, lo entregan al Ministerio Público y muchos, sin importar su pasado delictivo, son favorecidos con el principio de la oportunidad. Eso es legal, porque está plasmado en el Código Procesal Penal. Sin embargo, constituye un incentivo a la inseguridad, porque el 99% de los beneficiados vuelven a “sus labores” delictivas.

El Ministerio Público es, empero, enérgico con los policías, que por la circunstancia, incurren en faltas penales en el ejercicio de sus funciones. Por eso, las cárceles están llenas de agentes que han incurrido en faltas involuntarias realizando sus funciones como soldados de la sociedad. Para ellos, no hay principio de oportunidad.

Quiero aclarar, y en eso estoy muy claro, no me refiero a los policías delincuentes, a quienes utilizan su uniforme para empañar la imagen de su institución. Esos policías deben ser encerrados en un sótano, sin agua y sin alimentos y las llaves lanzadas al Canal de La Mona.

Me refiero a los policías, que enfrentando la delincuencia, que trabajando por mantener la seguridad ciudadana, se ven en la obligación de defenderse, de utilizar sus armas, sin proponérselo, incurriendo en faltas, la mayoría de las veces para defender su propia vida. Esos policías son drásticamente sancionados. Muchas veces, con penas más severas que los policías que realmente delinquen y, que por ende, son lacras para la sociedad.

Ahora bien, reconozco que los policías honestos, trabajadores, que van a las calles a combatir la delincuencia, a exponer su vida en favor de la seguridad ciudadana, son culpables de los enfrentamientos y de los intercambios a tiros. Y no debiera decirlo, pero es la realidad. No estoy de acuerdo con enfrentamientos ni intercambios de tiros. Es culpa de la Policía, pero entiendo a la Policía nuestra.

¿Por qué los intercambios a tiros entre agentes y delincuentes son culpa de la Policía?

Simplemente, porque nuestros policías, que laboran más de 20 horas al día, recibiendo un mísero salario, son una excepción entre sus homólogos de casi todos los países del mundo. Me perdonan, pero son unos necios. Son los únicos policías del mundo, que salen a la calle a ‘mano pelá y pecho limpio’ a combatir la delincuencia y permiten, léase muy bien, permiten que el delincuente, el forajido el malhechor, como usted quiera definirlo, le dispare, una, dos, tres y hasta cuatro veces, para entonces responder, para repeler el ataque.

En ningún país del mundo, el policía arriesga su vida innecesariamente. Y esto, que ese policía cuando sale a la calle, está protegido y tiene garantizado el futuro de su familia.

Combatir la delincuencia y, por ende, la inseguridad, no es una responsabilidad única de la Policía, se requiere la colaboración de todos y que se garanticen, por lo menos, cinco elementos que son indispensables para ello.

Para nadie es un secreto que los delincuentes, cada día, se perfeccionan, tienen mecanismos más modernos que la propia Policía, como son motocicletas y automóviles de excelente calidad y armas de fuego modernas. Cuentan, además, con cómplices y excelentes relaciones en todos extractos de la sociedad.

La delincuencia hay que combatirla con todos los mecanismos que sean necesarios. Hay que apoyar la ardua labor policial para atrapar a los delincuentes. El ministerio Público, que es el jefe de la investigación, debe instrumentar correctamente los expedientes y el Poder Judicial aplicar drásticamente las normas jurídicas plasmadas en nuestro código.

Pero también hay que prevenir la delincuencia. Para ello, los padres deben dar una educación hogareña a sus hijos, diciéndole desde el mismo corazón de su hogar, qué es bueno y qué es malo y practicarlo con ejemplos. El gobierno debe garantizar educación escolar primaria, secundaria y universitaria. Debe garantizar la alimentación y la salud y crear los mecanismos necesarios para que cada joven que salga de las aulas, tenga derecho a un trabajo digno.

La Policía no es únicamente la responsable de la seguridad.

La Policía es una institución, en término económico, explotada, estreñida y, como dijimos al principio, la mayoría de sus miembros son honestos, trabajadores y viven sin ningún tipo de comodidad, pasando todo tipo de penuria, pero realizando una labor con la frente en alto, una labor de vocación.

Hay, incluso, cientos de policías que para poder salir adelante, tienen doble misión, primero cumplen con sus obligaciones con la Patria y luego tienen que buscársela, trabajando por horas en negocios privados, porque para nadie es un secreto que su salario es mísero, el más miserable, institucionalmente hablando.

Muchos hablan de reforma policial, pero no lo hacen con el deseo de que la Policía sea transformada, que sus miembros se tecnifiquen, para poder cumplir fielmente con sus obligaciones con la Patria, pero que tengan derecho a un salario digno, derecho a la educación, a la salud, a la alimentación y que puedan sacar adelante a su hijo, a su familia.

Muchos hablan de reforma policial, pero lo hacen con malicia.

Finalmente, favorezco la reforma policial, pero una reforma real, que vaya en beneficio de la propia institución y, por ende, de la sociedad, donde el policía tenga un salario digno, derecho a la educación, a la salud y a la alimentación.

La Policía es una institución policlasista, donde hay de todos, malos y buenos, pero es la institución que más trabaja en este país, que cuando otros están disfrutando de largos feriados, los hombres y mujeres de la Policía están trabajando y garantizando la prevención de accidentes y de hechos delictivos.

Los policías están todo el tiempo de servicio.

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