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Juan de los Santos y yo: Cuando fuimos compañeros, cuando fuimos amigos y cuando fuimos adversarios.

Manuel Jiménez

Manuel Jiménez

Por Manuel Jiménez.- El respeto mutuo y la prudencia fueron claves para que estas tres condiciones que compartimos se mantuvieran en el tiempo y no se estropearan.  La deferencia en el trato nunca se vio afectada y nos aseguramos, ambos, de no personalizar las diferencias políticas cuando las tuvimos.

Nos saludamos por primera vez en octubre del 2001 en una reunión del equipo municipal de campaña para las congresales del 2002.

Los dos aspirábamos a diputados, él por la Cir. 1 y yo por la Cir. 2. Actuamos juntos en ese proceso. Les pedí a mis relacionados en la Cir. 1 que lo apoyaran, él hizo lo propio conmigo en la Cir. 2.

Ambos fuimos los más votados en nuestras respectivas circunscripciones. Los cuatro años que fuimos diputados juntos, nos dispensamos el más cordial respeto, interactuamos en las  actividades oficiales y partidarias de ese periodo con ánimo de buen compañerismo.

Cuando Juan decidió aspirar a la alcaldía de SDE, nos solicitó nuestro apoyo y se lo proporcionamos sin reservas y sin ningún tipo de condición, creíamos que él era la mejor apuesta que tenía el PLD en el 2006 para ganar la alcaldía.

El el 2010, cuando Juan de los Santos aspiró para reelegirse, yo veía que su gestión de cuatro años había tenido muchas debilidades e intenté aspirar para mejorar, desde mi óptica, la gestión peledeista en SDE.

Juan me solicitó vernos y nos reunimos en casa (mayo 2009). Le expliqué mi posición y las quejas que tenía con su gestión. Él estaba de acuerdo con mi valoración, pero me dijo que él también quería mejorar todos esos aspectos, que eran muy importantes y que los tenías pendientes para un próximo periodos, porque los cuatro años no eran suficientes.

Hablamos por largo rato y finalmente decidí apoyarlo de nuevo. El único compromiso que hicimos, con varios testigos, fue que me permitiera colaborar con un plan destinado al fortalecimiento cultural y de identidad en SDE.

Su popularidad no era la misma del 2006 y se lo expliqué, pero nos comprometimos en echar la batalla; la ganamos y él se instaló de nuevo como alcalde. Mi colaboración fue mínima porque, para ello, era necesario una visión e interés compartidos.

Pero, nuestra amistad y compañerismo, no sufrieron ningún revés, a pesar de la poca coincidencia que se evidenciaba en su modelo de gestión municipal y mis criterios en esa materia.

Cuando decidí aspirar a la alcaldía de SDE, me reuní con Juan para hablarle de mis aspiraciones y convencerlo de que su gestión ya había cumplido su cometido. Me escuchó atentamente, almorzamos, me dijo que le parecía todo bien y nos despedimos.

Seguí asistiendo a todas las actividades oficiales del municipio hasta que declaré oficialmente mis aspiraciones a mediado del año pasado. 

Cuando él decidió aspirar, ya tarde de este año, empezamos a ser adversarios a lo interno del PLD hasta mi renuncia. En ese proceso seguíamos juntándonos en las actividades oficiales del partido y siempre nos aseguramos de que no se afectaran nuestros gestos amistosos de cortesía y respecto.

El último de estos encuentros, fue en la inauguración del politécnico Juan Francisco Tamayo en los tres brazos, ahí charlamos animadamente de temas triviales.

Nuestra rivalidad en este proceso se condujo en términos racionales y de respecto. En ese sentido, no me quedo con ninguna queja de Juan De los santos, y por aquí lo hago público.

En cuando a su inesperada partida y la horrible forma en que se ha producido, lamento profundamente el hecho y les doy mis sentidas condolencias a su familia y que dios le dé tranquilidad de espíritu y consolación, pues sé que pasan por un momento muy difícil y aterrador.

Finalmente, creo que nuestra sociedad debe reflexionar seriamente sobre el extremo estado de intolerancia que vivimos para que no se repitan situaciones como la que le arrancó la vida a Juan de los Santos.
Paz a sus restos.

Manuel Jiménez.

 



					
					
									

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