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La perpetuidad en los cargos públicos

JOSE A. NÚÑEZ PÉREZPor José Núñez.- Una vez viendo la televisión oí al ex presidente de la República Hipólito Mejía decir, a todos nos gusta la reelección, lo que sucede es que “esta preferencia depende de que si nos conviene o no”, y todo esto aconteció por una pregunta que le hacía un reportero de unos de los noticieros nacionales.

Aunque lo dicho por el ingeniero Mejía es así en sentido general entre los dominicanos, ahora lo interesante es describir algunas de las causas de estas intenciones de perpetuarse en los cargos del Estado o público.

Con la peculiaridad que a mayor jerarquía de los puestos desempeñados más se aferran los patriotas, incluso hasta donde intervine la voluntad popular, es decir, en los cargos presidenciales, congresuales y municipales quieren mantener esta arritmia histórica y malsana; es un reflejo del subdesarrollo.

Los otros dos métodos empleados en el país para la perpetuidad en los cargos públicos de importancia, es moviéndolos hacia otros puestos con las mismas jerarquías o muy homólogos con la función anterior, y cuidado.  También utilizan la plataforma de los partidos políticos y se mantienen como sanguijuelas apegados a los estamentos superiores de dirección política.

 Para mantener sus estatus de jefes políticos se valen de procedimientos antidemocráticos y que por demás,  los líderes originales de estas instituciones rechazaban.

Vamos a comenzar con la primera causa de perpetuidad, la cual denominamos debilidad institucional, ya que esta refleja siempre los niveles de desarrollo de un país, y si en algo nos identifican como una nación en vía de desarrollo, es por nuestra características institucionales, y la mejor muestra de ello la tenemos en nuestra Ley de Leyes, ya que modificar la Constitución por meros intereses personales, es tan light entre nosotros como tomarse una suculenta presidente bien fría.

En esta panorámica, continuamos con la Seguridad Social, que aunque sus debilidades dependen obviamente de nuestras deudas sociales y por supuesto, de la citada debilidad institucional, pero cuando un empleado alcanza cierto estatus social y garantías de estabilidad económicas mínimas para él y su familia, y el sistema no le garantiza en el tiempo esta estabilidad junto a los suyos, es seguro que generalmente las debilidades humanas comienzan a buscar las salidas más miserables.

Entonces, aquí aparece el tumbapolvismo, tan arropador de las inseguridades y del que se nubla la mente cuando no ve su futuro claro en un país capitalista subdesarrollado, donde Don dinero aparenta serlo todo, y lamentablemente, a usted lo miden o tratan de medirlo por lo que haya en sus alcas, o sea, como dice el refrán, “el que nada tiene, nada vale”,  y si tiene poco, eso mismo vale; poco, eso es lo que falsamente piensan muchos.

Por lo tanto, con el día a día, se arma una cadena, y el que está muy arriba, por ejemplo, a los Presidentes de la República en dominicana, que se han dejado seducir por esta situación de perpetuidad, siempre se les ha hecho fácil, ya que los que les siguen en el mando, lo apoyan, y en el fondo lo que hacen es proteger sus estatus o fortalecerlos, caen en la ambición, de ahí que al de muy arriba se le hace tan cómodo, ya que sus bases primarias, sus funcionarios, también quieren seguir en las mieles del poder. Y qué les queda entonces a los hijos de machepa.

En este contexto, todo se vuelve una cadena justificada sin justificación, que parece realista pero es envilecedora, se cree de astutos aunque es personalista, y normalmente la pensamos como nuestra solución y es la desgracia en ciernes, ya que se ha demostrado a lo largo de la historia de la humanidad, que querer perpetuarse en un puesto del Estado, generalmente nos acecha la desgracia.

Finalmente, nuestras debilidades institucionales nos arrastra a un caos social, lo que profundiza la realidad del subdesarrollo en el tumbapolvismo y nos lleva a lo irracional del individualismo, aupado por las carencias y las realidades de las presiones sociales; esa es la verdad del oportunismo y del sálvese quien pueda: en este ambiente las aspiraciones de perpetuidad parecen un legado.

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