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Francisco Portes B.

LA HISTORIA DEL CLIMA Y SU INFLUENCIA EN LA SOCIEDAD.

FRANCISCO PORTESPOR FRANCISCO PORTES B.  En virtud de la amenaza solar que ha estado sonando en los últimos días y la información de la NASA,  más las declaraciones de Edward Snowden, creo que haciendo una mirada retrospectiva, y observando los anales de la historia del clima, podemos colegir que éste ha tenido un impacto negativo en la vida de la especie animal.  Estas aseveraciones  las sustentamos en virtud de que cuando  se producen fenómenos como los glaciares, todos los tipos de vidas existentes en la demarcación  corren el riesgo de la extinción; ya que quedan sepultadas en el hielo, unos y otros se ven forzados a procesos migratorios, corriendo el riesgo de no adaptarse a otro clima o medio de vida. Oportuno es decir, que afecta a toda la civilización.

Uno de los más grandes tratadistas del cambio climático de los últimos tiempos, el ex candidato presidencial de los Estados Unidos de Norteamérica, Al Gore ha hecho un gran aporte a la humanidad con sus investigaciones acerca de esta problemática. Según él, el papel del clima en la historia humana, es muy complejo y los especialistas en historia climática discuten en qué mediada debería atribuírsele al clima un papel determinante.

Así como la tragedia provocada por el clima entre los años 1816 y 1819 contribuyó, sin duda, al malestar político en Europa, parece claro que la tragedia originada por el clima en Francia entre los años 1783 y 1789 empeoró sustancialmente el ánimo político en el que se desarrolló la Revolución Francesa.  Es obvio que los cambios climáticos no fueron más que una de las muchas causas que desembocaron en estos acontecimientos.

 Además de contribuir al hambre y al malestar político, entre los efectos más notables de los cambios climáticos sobre la civilización, cabe destacar las migraciones masivas. “Una de las mayores migraciones de la historia, la llegada de seres humanos, primero a Norteamérica y después a Sudamérica, fue producto de un cambio climático”.

Durante la última glaciación, hace poco más o menos 20,000 años, se helaron grandes cantidades de agua de mar y el nivel de éste estaba unos 100 metros por debajo del actual.  El lecho oceánico que llamamos plataforma continental era por entonces, tierra firme, y los puntos pocos profundos, como el estrecho de Bering o el golfo de Carpentaria, puentes de tierra.

 Estos puentes fueron utilizados como rutas migratorias por los pueblos conocidos ahora como aborígenes en Australia y como indios o indígenas en América. Cuando los glaciares retrocedieron, hace unos 10,000 años, el nivel del mar volvió a subir, dejando a aborígenes e indígenas aislados del resto del mundo en sus nuevos continentes. 

A partir de 1816, el año sin verano, la pérdida generalizada de cosechas y la subsiguiente falta de víveres provocaron disturbios en casi todos los países de Europa, originándose un fervor revolucionario que barrió el continente durante tres años.  Por ejemplo, en Francia cayó el gobierno y le solicitaron al conservador duque de Richeliau que formara otro.

Todos los gobiernos luchaban por mantener el orden social, mientras en las ciudades se desataba una ola de criminalidad sin precedentes. Hasta la población suiza asistió perpleja a un repentino aumento de la actividad delictiva. En ese mismo sentido, crecieron el índice de suicidios  y el número de ejecuciones de mujeres por infanticidio.

Según los historiadores, una muchedumbre de mendigos inundaba los caminos suplicando a los viajeros. En Suiza, se dice que el número de mendigos que atestaban los caminos era tan grande que podía compararse con un ejército.  “Tenían la desesperación en la mirada  y, la palidez de la muerte en las mejillas”.

En los momentos en que Europa se estaba recuperando de las guerras napoleónicas y vivía un período de grandes cambios, nadie podía sospechar que la causa de tanto sufrimiento e inquietud social fuera provocada por una alteración en la composición de la atmósfera planetaria, debido a una serie anormalmente prolongada de erupciones del Volcán Tambora, en la isla de Sumbawa, Indonesia, durante la primavera de 1815.

Los científicos calculan que unas 10,000 personas perecieron a causa de la erupción inicial y otras 82,000, aproximadamente, murieron de inanición y diversas enfermedades  durante los meses siguientes.  Pero los peores efectos en el resto del mundo no se dejaron de sentir; sino, un año después, cuando el polvo lanzado al cielo se extendió por toda la atmósfera, reduciendo drásticamente el volumen de luz solar que llegaba a la superficie terrestre y haciendo bajar las temperaturas.    

Las erupciones volcánicas que se han registrado a lo largo de la historia aportaron datos importantes en tres sentidos. En primer lugar, demuestran hasta qué  punto depende nuestra civilización de unas condiciones climáticas estables como las que hemos disfrutado durante la mayor parte de los últimos diez mil años.  Lo segundo es que ponen de manifiesto que las tragedias que asolan una zona del mundo pueden haber sido causadas por cambios climáticos

 Originados en otro lugar completamente distinto.  Y, finalmente, indican cuáles podrían ser las devastadoras consecuencias de un cambio comparativamente grande y repentino provocado por el hombre en el sistema climático global.

En tiempos recientemente pasados, y gracias a un pormenorizado estudio climático realizado a partir de los núcleos del hielo de Groenlandia y la  Antártida se han determinado las fechas de las principales erupciones volcánicas de la antigüedad, asimismo, los científicos han cotejado estos datos con la información proporcionado por los anillos de los árboles, por la geología y arqueología, y con un meticuloso análisis de los documentos  de antiguas civilizaciones sobre la historia climática. Los chinos en particular, conservan un registro de treinta y seis siglos.

 De este modo, se ha podido combinar la información dendroclimatológica y la extraída de los núcleos del hielo con los documentos de los historiadores chinos  para describir los catastróficos efectos de una de las mayores erupciones volcánicas de la historia : Santorín , o Thera , isla volcánica situada a unos ciento diez kilómetros al norte de Creta, estalló hacia 1600A.C., con una fuerza cien veces superior a la de la famosa erupción del krakatoa de 1883.

Los efectos en el clima contribuyeron muy probablemente a la súbita desaparición, poco después, de la civilización minoica, que había dominado el Mediterráneo oriental durante mil años, en la edad del Bronce, según algunos historiadores, Platón se basó en la desaparición de la cultura Minoica para narrar la destrucción, en un solo día, de la legendaria Atlántida.

Cinco siglos más tarde, entre 1150 y 1136 a.C., el volcán Hekla de Islandia lanzó millones de toneladas de polvo y partículas a la atmósfera. Según un escrito chino de la época, conservado en tiras secas de bambú,” llovió polvo en po”. Otro autor chino escribió: Llovieron cenizas del cielo durante tres días. “ La lluvia era gris”. Otro testimonio revela que: nevó en el sexto mes y la nieve tenía un espesor de treinta centímetros.

También en esta ocasión, los arqueólogos encontraron pruebas de las desastrosas consecuencias de este suceso en el hemisferio occidental.  Algunos arqueólogos escoceses afirman que en esa época desapareció el  noventa por ciento de la población de Escocia y el norte de Inglaterra. 

En el año 209 a.C., tuvo lugar una erupción tremenda, según se cree algún volcán islandés, que dejó huella en las capas anuales de nieve e hielo que cubren Groenlandia y los anillos de los robles irlandeses dañados por las heladas.  Dos años después, según cuenta el historiador chino Szu-ma Ch’ien, la cosecha se perdió y nadie supo la razón. Y sumamos dos años más tarde, otro historiador chino, Pan Ku escribió en el Han shu “una gran hambruna aniquiló a más de la mitad de la población”. “Los hombres se comían unos a otros”.  Según las Cronologías dinásticas chinas, fue en esta época, concretamente en el año 208 a.C., cuando las estrellas dejaron de brillar durante tres meses.

 El volcán Etna, del año 42 a.C., en su famosa erupción también dejó su secuela; escribió  Pan Ku, el sol aparecía velado y confuso y se perdieron las cosechas, razón por la cual el precio del grano subió más del 1,000%.

Aún cuando parezca extraño, es posible que los pequeños cambios climáticos provocados por las erupciones volcánicas desempeñaran un importante papel en uno de los hechos más influyentes de los de la era moderna: La Revolución  Francesa. Emmanuel Le Roy Ladurie, en su innovador estudio sobre la historia del clima describe muy detalladamente los seis años de cosechas pobres y cultivos perdidos que precedieron en Francia a la revolución de 1789, llegando a su punto culminante en el crudo invierno de 1788-1789 y en uno de los mayos más fríos de la historia antes de la toma de la Bastilla. Para aquel año la vendimia fue un absoluto desastre.

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