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Nuevas ponderaciones sobre el Poeta Juan Colón

 

JUAN COLON 1

Poeta Juan Colón

JUAN COLON, POETA  DOMINICANO.- Si alguien me preguntase cómo se define  un Poeta? Entonces Francisco Portes dice: Un poeta es aquel que sacia su sed, con el agua emanada de las piedras de un río seco. Es quien recoge las flores frescas de un paisaje mustio. Es quien descubre la voz alta del más extremo silencio. Es el que duerme en la quietud del más estridente sonido. El poeta es de terciopelo, frente al tosco. 

 El Dr. Pedro Jilio Jiménez Rojas hace una especie de prolegómenos, para presentarnos al poeta Juan Colón. Las festividades conmemorativas a la “Semana Cultural del Cabrereño Ausente” recientemente finalizada en el Municipio de Cabrera, fueron ruidosamente celebradas por los oriundos de esta nordestina población, que con la frescura, gracia y espontaneidad que les caracteriza, se entregaron en cuerpo y alma a los festejos proyectados.

Dentro de la programación alusiva a esta especie de efeméride provincial, estaba contemplado en la noche del 26 de julio un recital con los poemas del bardo de Baoba del Piñal, Juan Colón Castillo, el cual estuvo precedido en horas de la mañana por una actividad que tuvo la singular particularidad de hacerme feliz. El Poeta, rodeado por un grupo de entusiastas y jóvenes admiradores de su talento, los organizaba en grupos para que procedieran a vender casa por casa ejemplares de su poemario “No puedo callarme” con la finalidad, no solo de recabar fondos, sino también de cautivar líricamente a los adquirientes.

El hecho de ofrecer en hogares medianamente instruidos un libro de poesías con la intención de que sus compradores lo lean y disfruten, evidencia a todas luces de que su autor pretende dar una visión de las cosas del mundo, de tal suerte, que inspire una emoción y excite la imaginación. Un individuo así tiene obligatoriamente que sentirse superior a los demás hombres, o sea, dotado de virtudes personales que lo hacen capaz de acometer empresas colosales, y cuyo valor humano está muy por encima de cualquier ponderación literaria o periodística.

Por razones que no destacaremos por ahora, los que residimos en la gran ciudad pensamos erróneamente, que aquellos que viven en la rutina provincial carecen de inquietudes intelectuales y que su interés por lo cultural es solo comparable al que tendría una almeja por el último perfume de Oscar de la Renta.

Sin embargo, la noche del recital la sala del Club estaba totalmente colmada de público, lo cual testimonia la existencia de una sublime preocupación espiritual por parte de los habitantes de la otrora comunidad de Los Tres Amarres, que sin lugar a dudas, es motivada por la belleza de su litoral y por la pureza de su cielo.

El declamador de los versos del amigo Colón, un joven de cuyo nombre sí quiero acordarme, Ramón Antonio Fernández, -Papo-, estuvo lo que se dice genial, siendo su histrionismo, sus recursos expresivos, y sobretodo su dicción, los detalles más sobresalientes que les garantizan un brillante y venturoso porvenir. Como sucede en los conciertos de música culta donde la parte final del programa está reservada a la pieza de mayor importancia, en el acto lírico a que hacemos referencia, la intervención que puso término al mismo estuvo a cargo del hijo de Baoba que no le ha costado a Cabrera los dolores de la paternidad.

Según la opinión de algunos historiadores dominicanos, este país solo ha producido dos grandes vientres: el de Salomé Ureña, madre de Pedro y Max Henríquez Ureña y el de Ángela Figueroa, la progenitora de Rafael y Gastón Deligne. Pienso que el futuro no me defraudará si aseguro en estos años terminales del siglo veinte, que el tercer vientre quisqueyano será el de Doña María Castillo, matriz del rapsoda Juan Colón quien ha nacido para las altas cumbres aunque por el momento tenga que conformarse con un estrecho p 

Esa noche únicamente leyó un cuento de su cosecha titulado “Pedrito” que me produjo un éxtasis nada pasajero, no solo por su magistral sencillez y su tonificante fuerza descriptiva, sino por los acordes melodiosos de su voz que llenaron de expectación a toda la audiencia allí congregada. En “Oda a Salvador Dalí”, Federico GarcíaLorca señala que este pintor surrealista tenía una voz aceitunada, y desde que leí este poema hace aproximadamente un cuarto de siglo, estaba deseoso de oír ese tono tan enigmático y al mismo tiempo tan frutal como andaluz. Fue escuchando a Juan ese día memorable cuando me convencí de su realidad, que despierta en los oyentes la sensación de estarse paseando sin orden ni propósito dentro de los inmensos olivares que ocupan con un inusitado verdor todo el mediodía de la Península Ibérica.

La timidez escénica típica en todo joven actor está felizmente sepultada, y su repertorio gestual formado por el conjunto de ademanes, cabeceos, manoteos, mohínes y otros recursos de la recitación, muestran la temprana madurez de un artista conciente de su vocación. El sortilegio de su gélida y penetrante mirada, cobijada por unas pestañas enormes que envidiarían las cortesanas francesas más coquetas, tiene la ofídica cualidad de monopolizar la atención del auditorio que permanece arrobado oyendo la dulzura de su canto.

Debido a la imposibilidad de sustraerme a mi ocupación de profesor universitario, me veo precisado a terminar este trabajo con unas cuantas recomendaciones que de seguro serán aprovechadas por mi amigo Colón Castillo, ya que están inspiradas en el buen deseo deque logre su consagración definitiva. Son éstas:

 

  • La mejor manera de aprender a escribir, es leyendo a los Grandes Maestros.
  • Un artista genuino debe tener un obstinado vigor en renovarse.
  • En todo buen discípulo se esconde siempre un Judas larvado. Llega el tiempo en que se avergüenza de ser uno que come en la mesa de otro, y es por esto que el mejor alumno es aquel que apuñala a su Maestro.
  • Solo podemos expresar una opinión realmente sin prejuicios, cuando se trata de cosas que no nos interesan, y ésta es la razón de que la opinión carente de prejuicios carezca por completo de valor.
  • Todo arte verdadero es revolucionario, porque se refiere a la realidad del hombre y pone en duda la realidad de las formas transitorias de la sociedad. Un artista, aunque sea políticamente reaccionario, es un revolucionario si es buen artista (Pound, Borges, Dalí, Gaudí, etc.)
  • Recordar, que los más bellos poemas son los que no llegan a escribirse nunca.

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