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Humilde pescador vuelve a casa tras 22 años de esclavitud

esclavo cópiaINDONESIA.- Todo lo que Myint Naing quería era volver a casa para ver una vez más el rostro de su madre.

Su sueño se hizo realidad tras 22 años de esclavitud.

Durante ese tiempo, trabajó en barcos pesqueros en Indonesia y vivió en la selva.

En 1993, un empresario visitó la aldea donde vivía Myint, al sur de Birmania (Myanmar), y prometió puestos de trabajo en Tailandia. Él tenía 18 años y nunca había viajado. Su familia necesitaba dinero. Así que cuando el hombre volvió, Mynt se fue con él. No pudo despedirse de su madre.

Un mes después, el barco donde estaba Myint atracó en Tual, una remota isla de Indonesia, en uno de los fondos pesqueros más ricos del mundo. Cuando se presentó, el capitán tailandés les gritó a todos: “Ustedes nunca volverán a casa. Fueron vendidos, y nadie los vendrán a rescatar”.

Myint se pasaba semanas en altamar, alimentándose con arroz y restos de pesca. En los momentos más intensos trabajaba 24 horas. No tenía medicamentos y bebía agua de mar hervida. Si alguien se tomaba un descanso, recibía una golpiza. La paga era de diez dólares al mes. ¡Si les pagaban!

En 1996, después de tres años, pidió volver a casa, pero la respuesta fue un golpe que le abrió el cráneo. Se escapó. Una familia indonesia se apiadó de él, lo curó y le ofreció trabajo en su granja, donde estuvo cinco años. Pero no podía olvidarse de su hogar ni de los compañeros del barco.

En 2001 escuchó que un barco ofrecía llevar pescadores de regreso a su hogar a cambio de trabajo. Así que volvió al mar. El problema fue que las condiciones de trabajo eran las mismas de antes.

Luego de nueve meses, el capitán les dijo que los abandonaría para volver a Tailandia. Los birmanos pidieron desesperados volver a su país, pero en cambio fueron encadenados al barco. Myint encontró un pequeño trozo de metal con el que abrió la cerradura y saltó al mar.

Myint se escondió en la selva en Tual. Tenía miedo de ir a la policía y que lo entregan nuevamente a sus captores. También temía que si iba a la embajada de Birmania sería expuesto como inmigrante ilegal.

En 2011 la soledad era demasiada, así que Myint se mudó a la isla de Dobo, donde escuchó que había una pequeña comunidad de antiguos esclavos birmanos. Llevó una vida tranquila, alimentándose con los vegetales que cultivaba.

Luego de 22 años en Indonesia, Myint volvería a su hogar. Se preguntaba con qué se encontraría. El vuelo a Yangon, la ciudad más grande de Birmania, fue aterrador. Myint tenía 40 años y se sentía un extraño en su propio país.

Primero se reunió con su hermana menor. “Hermano, es tan bueno tenerte de regreso. No necesitamos dinero, necesitamos a nuestra familia”, le dijo su hermana a Myint.

Minutos después se reencontró con su madre. Myint rompió en llanto. Finalmente se abrazaron, tras 22 años.

Myint es uno de los más de 800 ex esclavos rescatados y repatriados luego de una larga investigación sobre los abusos laborales en la industria pesquera del sudeste asiático.

El negocio pesquero tailandés funciona con alrededor de 200 mil trabajadores extranjeros, muchos de ellos forzados a trabajar en barcos luego de ser engañados, secuestrados o vendidos. Un negocio que sustentan compañías que proveen de pescados a distintos países.

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