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“La Tuta” era un líder en su región; regalaba dinero a pobres

La tutaMEXICO.- Con la muerte a comienzos de 2014 de Nazario Moreno González, alias El Chayo, y de Enrique Placarte Solís, alias El Kike, el liderazgo de Los Caballeros Templarios quedó en manos de Servando Gómez Martínez, alias La Tuta.Desde su escondite en las montañas de la sierra de Michoacán, La Tuta movía los hilos de la organización criminal en su confrontación con los grupos de Autodefensa. Finalmente, sin embargo, fue capturado en la madrugada de este viernes 27 de febrero.

Siempre vestido en forma modesta –con su infaltable cachucha- y regalando dinero entre la gente o predicando lo que el gobierno tenía que hacer, Gómez Martínez buscó construirse una imagen de hombre iluminado.

Inspirado, en una mezcla de principios religiosos y criminales, su obsesión era alcanzar la que él consideraba su misión: rescatar Michoacán para los michoacanos y devolver la paz, la seguridad y la tranquilidad a su estado.

Maestro de profesión, lo que le significó el otro alias de El Profe, La Tuta llegó al crimen organizado atraído por las inmensas ganancias, poder e influencia que reporta la producción, venta y distribución de drogas.

Su carrera criminal estuvo muy ligada con la de El Chayo o El Más Loco, quien lo introdujo a la religión como método para justificar la muerte, los robos, la tortura y el despojo de sus víctimas.

La Tuta se adjudicó como un destino marcado el ser un soldado templario para continuar la labor espiritual de El Chayo, bajo las directrices del decálogo de Los Caballeros Templarios que ellos mismos redactaron.

Desde la zona serrana pregonó ser un delincuente con categoría por no robar a pobres y con derecho a emplear la violencia en cualquier forma para presuntamente defender a la sociedad michoacana.

En distintas entrevistas, el propio capo ha dicho que los integrantes de Los Caballeros Templarios suman cerca de 10,000 hombres y se encuentran en Michoacán, así como en diversos puntos de México y otros países.

Según investigaciones oficiales y versiones de ex miembros de su organización que ahora son testigos protegidos, La Tuta se ha valido de un médium o brujo personal, de nombre Juan Víctor Fernández Castañeda.

El testigo protegido Carlos aseguró que el espiritista al servicio de La Tuta consultaba cotidianamente las cartas del Tarot para revelar quiénes pudieran traicionarlo en su círculo cercano y proceder a su eliminación o ejecución.

La Tuta ha tenido una fe ciega en su médium y como muestra de ello, según Carlos, ordenó el asesinato de un hombre en Arteaga sólo por la sospecha del médium de que había denunciado su actividad.

Su obsesión por cumplir con su destino no lo hizo olvidarse de los asuntos terrenales, como asistir a peleas de gallos que él mismo organizaba o que se celebraban en las rancherías y poblados por los que se movía.

Según el testigo protegido, la confianza de La Tuta en su gurú ha sido tan grande que lo ha utilizado también como consejero en las peleas de gallos, en las que apuesta a partir de lo que le dicen las cartas del tarot.

Este aspecto esotérico le habría facilitado a La Tuta el no caer en manos de la policía, según declaraciones del propio capo contenidas en expedientes e investigaciones de la Procuraduría General de la República.

La faceta mística de La Tuta, corre en paralelo, según las autoridades, con su carácter sanguinario. Y como ejemplo mencionan el asesinato de 12 policías federales en Arteaga, Michoacán, el 12 de julio del año 2009.

Los agentes intentaron ser infiltrados en ese municipio con el fin de detectar la llegada de La Tuta a la casa de su madre. La actitud de los agentes hizo sospechar a los familiares del capo y éste ordenó tomar por asalto la casa donde se encontraban los oficiales.

La trágica operación terminó con la muerte de todos los policías, ente ellos una mujer, cuyos cuerpos fueron arrojados a la carretera Siglo XXI, a la altura del municipio de La Huacana. Sobre los cadáveres La Tuta ordenó dejar un mensaje: “Vengan por nosotros. Aquí los esperamos”.

El líder de Los Templarios ordenó incluso filmar la tortura de los agentes federales para advertir en ese momento a los zetas y a la policía federal lo que podrían encontrar si se ponían en su camino.

Uno de los hermanos del capo, de nombre Luis Felipe Gómez Martínez, El Guicho, confesó ante fiscales federales que su hermano le dijo que jamás podría dejar su actividad criminal, aun cuando sus familiares se lo pidieran.

Y no la dejó. La ofensiva en su contra lo colocó en la sierra de Michoacán que conocía ampliamente y donde se movía a su gusto. Pero pocos dudaban ya que sus días como jefe de Los Caballeros Templarios estaban contados.

Con su captura termina, al menos por ahora, una época de violencia que comenzó con el surgimiento de la Familia Michoacana en el año 2006 y que ha bañando de sangre las tierras de Michoacán.

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