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10 hábitos cotidianos para reducir el desperdicio de comida

Imagem 001Una parte de ese desperdicio se genera en la etapa de producción, otra en la distribución y una tercera, muy importante, en el momento del consumo. Aunque las de concientización y hasta un eventual tratamiento de la problemática a nivel legislativo podrían contribuir a la solución del problema en los primeros dos ámbitos, es en nuestros hábitos cotidianos en donde podemos llevar a cabo una acción más directa y efectiva para paliar esta situación.

A continuación, algunos consejos sencillos para poner en práctica:

Planifica tus . Elegir ítems al azar en el supermercado o verduras sin saber para qué vamos a utilizarla son costumbres que, generalmente, devienen en un porcentaje de en mal estado en la heladera. Para evitar esto, es recomendable realizar una planificación semanal de que contemple, por ejemplo, los eventos sociales a los que nos comprometemos (noches que no cenamos en casa) y la cantidad de comensales que se sentarán a la mesa a lo largo de los siete días.

No exageres con la fecha de vencimiento. Algunos alimentos pueden ser consumidos después de su fecha de expiración. La manteca, ciertos quesos, la leche, el chocolate, los huevos, el yogurt y la cerveza son tan solo algunos ejemplos. No hay mejor técnica para descubrir si un producto está o no en buen estado que percibirlo con los sentidos: olerlo, observarlo y probarlo. Y si todavía te quedan dudas, puedes consultar Eat By Date, un sitio americano especialmente creado con el propósito de despejar estas dudas.

Organiza tu nevera. La disposición de los alimentos en tu heladera no debe ser aleatoria. Por el contrario, conviene colocar los lácteos y todos aquellos productos que necesiten de mucha refrigeración en el estante superior, las carnes, fiambres y vegetales duros en el estante del medio y las frutas y verduras en los estantes inferiores. Además, asegúrate de ordenarlos según su fecha de vencimiento: los que están próximos a caducar más a la vista y los que todavía tienen días por delante, atrás.

Ni de más, ni de menos. Nunca subestimes el don del cálculo. Lo ideal es cocinar exactamente lo que se vaya a comer: no de más ni de menos. Claro que puedes contemplar la porción que vas a llevarte al trabajo al día siguiente, pero conviene evitar esas sobras sin destino, que se atesoran en la heladera durante días hasta que algún miembro de la familia se decide a tirarlas.

Usá (bien) ese compartimiento que está arriba de tu heladera. En el caso de que no poseas el don que mencionado arriba, puedes guardar tus sobras en el freezer. Si directamente haces comida para congelar o compras carne con esa intención, guárdalas con separadores para que después puedas descongelar solo la porción que vas a consumir.

Aprovecha el 100% de tus frutas y verduras. En general, cuando se cocina no se aprovecha todo lo que el alimento tiene para dar. Ante la primera duda, los tallos, las semillas y las hojas de las verduras, las hortalizas y las legumbres -que son comestibles- terminan en la basura. En lugar de tirarlas, busca recetas en Internet y prepara algo rico.

Separa la basura. Si empiezas a separar tus residuos entre orgánicos e inorgánicos, no solo vas a estar ayudando al medio ambiente sino que también vas a tomar conciencia sobre la cantidad de alimentos que estás desperdiciando. Acá vas a encontrar información sobre qué hace el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires con los residuos.

Dígale sí a pedir para llevar. Basta de estúpidos prejuicios sobre la bolsita para llevar. Si te sirven una porción enorme en un restaurante y te la terminas sin hambre, estás haciendo mal a tu organismo. Si la dejas en el plato, estás haciendo mal al medio ambiente. Solo para que lo sepas: esa comida termina en el tacho de basura. Mejor pide tu comida para llevar y almuerza bien al día siguiente.

Composta. Muchas veces, no queda otra que tirar la comida, pero aun en ese caso puedes hacer algo. A nivel individual, el compostaje doméstico -que sirve luego como abono para la tierra- puede desviar potencialmente hasta 150 kg de residuos de alimentos por hogar al año.

Fuente: Planeta Joy

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