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DNCD, más de lo mismo en cada gestión

CASA DNCDPOR FRANCISCO PORTES B.- La Dirección Nacional de Control de drogas, solo cambia de actor de tiempo en tiempo; pero en la misma se mantienen y cultivan una y otra vez, de forma repetitiva, las mismas prácticas ancestrales, la misma cultura. Es la reedición permanente de hechos anteriores, llevados en la médula de quienes componen ese cuerpo.

A Multimedios Dando en el Clavo han llegado denuncias e informaciones fidedignas y privilegiadas, de atropellos y colocación de sustancias controladas, o sea, droga a ciudadanos que no tienen vinculación con los hechos.

Reciéntenme, un oficial de alto rango, se vio compelido a colocarle de manera abusiva, más de 100 gramos de cocaína a una joven de un barrio de la parte norte del Distrito Nacional, tuvo que hacerlo, para poder justificar las heridas que le causó a la mujer en la cabeza, con su arma de reglamento, únicamente porque mientras un equipo de la DNCD entraba por un callejón, la joven estaba hablando por teléfono y él coligió que  informaba por esa vía.

También nos llegó la información que supuestamente, un poderoso coronel, después de llegar a la institución exhibe lujos y bienes a borbotones, entre ellos, fincas, apartamentos, y cuantas cosas sean posibles.

El colmo ha sido tan desagradable, que en navidad, a los empleados de la DNCD, les hicieron una rifa y cuando los agraciados iban a buscar el premio anunciado, quedaban sorprendidos, porque al que se sacó una nevera, entonces le querían entregar una licuadora; el beneficiado con una estufa, cuando buscaba su premio le ofrecían un abanico de mala calidad; incluso hubo rebeldía en algunos casos.

Cuando la DNCD celebró el día de los reyes para los hijos de los empleados de ésta, supuestamente, hubo un listado privilegiado, hecho según la relación que tuvieran con los ejecutivos, por lo que muchos sólo observaron a distancia o se marcharon, por los vejámenes a que fueron sometidos.

Todo no se queda ahí, los puestos, en su mayoría, supuestamente, son vendidos a precios muy altos, hay a diferentes precios, quien cae en uno de ellos y no se reporta semanal o quincenal, se va para su compañía, entiéndase, si es policía, regresa allá y asís por el estilo.

También se mantiene la modalidad de los puntos abiertos (esto es que pertenecen a un miembro de la institución), por ahí no pasa nadie, más que el encargado de retirar el peaje. Hay agentes y miembros que dicen estar Jartos, no artos, de ver injusticias. Aguantan porque no tienen otra cosa que hacer; pero viven abominados por las injusticias y los niveles de corrupción imperantes allí.

Los moradores de los Corales del sur y sectores aledaños dicen haber perdido la paz y la tranquilidad, después que la DNCD mudó a ese sector la Dirección o División Oriental, expresan que los robos y atracos se han incrementado, paradójicamente. Piden a todas voces el traslado de esa Dirección a otro lugar, así verán bajar los riesgos a que están sometidos.

Por esas prácticas mal sanas, se ha mantenido la Dirección Central Antinarcótica de la policía (DICAN), hoy desacreditada y debilitada; pero con vida, ambas son más de lo mismo. Con su accionar, la DNCD justifica la existencia de la DICAN, que se mantengan las dos.

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