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De José Feliciano a Marc Anthony

7C3D65A8-638B-4B50-AB06-9CDE6D596837.jpg__270__200__CROPz0x270y200Escuchando las criticas a Marc Anthony cuando canto  “God Bless America” en el Juego de las Estrellas de Grandes Ligas la  semana pasada en Nueva York, recordé también los ataque hechos a José Feliciano en 1968 en la Serie Mundial entre Tigres y Cardenales.

José Feliciano, nacido en Lares y criado en Nueva York, se sentó con su perra guía, Trudy, postrada a sus pies, rascó las cuerdas de su guitarra y comenzó a cantar el Star Spangled Banner ante una teleaudiencia mundial de cientos de millones de personas.

Se dice que los más de 53,000 espectadores que colmaban el Tiger Stadidum de Detroit enmudecieron mientras Feliciano seguía adelante con su interpretación casi irreconocible; lenta, entristecida, como si fuera un ‘blues’.

Parados en las líneas de primera y tercera base del Tiger Stadium de Detroit, los jugadores de ambos equipos se miraban atónitos.

“Algunos se molestaron”, recordó recientemente el puertorriqueño Orlando ‘Peruchín’ Cepeda, primera base de los Cardenales en esa serie.

“Dijeron que era una falta de respeto a la bandera cantar el himno de esa manera”, continuó. “Pero yo lo admiré. Cuando terminó de cantar, pasó cerca de nosotros y yo fui, lo saludé y lo felicité. Ahí fue que lo conocí”.

Se asegura que el cuadro telefónico de la telecadena NBC, que transmitía el juego, se inundó de llamadas de gente que se ponía a gritar. Se dice también que, considerándolo una afrenta al patriotismo de su país en aquel año lleno de protestas contra la guerra, los veteranos del ejército se arrancaban los zapatos de los pies y los lanzaban contra las pantallas de sus televisores.

Mickey Lolich, el lanzador abridor por los Tigres, ha dicho que lo que más le afectó no fue la interpretación tan poco convencional, sino su duración.

“Duró siete minutos”, aseguró en una entrevista de 2006 con The New York Times. “Empecé a calentar en el ‘bullpen’ cuando él comenzó a cantar, pero después tuve que parar… y me estaba congelando.

El resultado: los Cardenales atacaron a Lolich con un ramillete de tres carreras en la misma primera entrada, produciendo dos de ellas Cepeda con un cuadrangular.

Pudo haber sido una estocada mortal para los Tigres, que perdían la serie 3-1 y, por consiguiente, se encontraban al borde de la eliminación.

Un día después de que él hubiese cumplido a su manera con el honor de interpretar el himno antes de un juego de Serie Mundial, los periódicos de Detroit casi destacaban más la controversia por el himno, que la victoria que les había mantenido con vida frente a los Cardenales.

Hubo quién clamó públicamente porque Feliciano fuera ‘deportado’ a su país, pasando por alto la realidad de que los puertorriqueños eran ciudadanos americanos.

Aunque Feliciano apenas era conocido aquí, en Estados Unidos había pegado un gran hit pocos meses antes con su interpretación de Light My Fire, la pieza de The Doors, así que su presencia en la Serie Mundial puede haber sido, para muchos en la Isla, el primer contacto con el cantante boricua.

De pronto, sin embargo, su carrera quedó en suspensión inanimada. La venta de sus discos sufrió un bajón, y no de azúcar. Curiosamente, Feliciano sacó un sencillo con su interpretación del himno y éste llegó a colocarse 50 en la lista de éxitos, pero sería la última de sus interpretaciones que entraría en la lista de más vendidos hasta que pegó el tema de la serie de televisión ‘Chico and the Man’ en 1974.

Es posible, de hecho, que la controversia le haya sacado del bolsillo lo que parecía ser una carrera abocada al súper estrellato.

“Me tomó mucho, mucho tiempo recuperarme de eso”, recordó el propio Feliciano en una entrevista que le hicieran años después.

“Lo que sí sé es que desde 1968 hasta los años setenta, la radio dejó de tocar mis discos”, dijo. “No creo que yo mereciera eso”.

“Yo no estaba faltándole el respeto a la bandera”, prosiguió. “Estaba interpretando el himno con sentimiento y con el alma, y creo que la gente no estaba lista para eso”.

La ironía es que aquélla interpretación tan personal que causó tanto revuelo pasó a convertirse en el modelo a seguir por numerosos invitados a cumplir esa función, tanto antes de juegos de Serie Mundial, como en otros ámbitos… como las peleas de campeonato de boxeo.

Y, a diferencia de aquel repudio inicial, ahora a Feliciano lo invitan a juegos de Grandes Ligas para que vuelva a cantar el himno a su manera. Así, se le escuchó antes del quinto encuentro de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional entre Marlins y Cachorros en 2003 y, el primero de abril de 2001, antes del juego entre los Vigilantes de Texas y Azulejos de Toronto en el estadio Hiram Bithorn, que fue el primer partido de grandes ligas jamás celebrado en la Isla.

Para cerrar el ciclo, Feliciano volvió a cantar el himno el 6 de septiembre en el AT&T Park de San Francisco, cuando fue develada la estatua de Orlando ‘Peruchín’ Cepeda… quien había estado en el Tiger Stadium aquella tarde de 1968 y, para la ceremonia, solicitó su presencia 40 años después.

¿Y Feliciano cantó el himno de la misma forma en que lo había hecho en 1968?

“Lo hizo de una forma muy parecida”, dijo Cepeda.

La acogida, sin embargo, es la que fue muy diferente: “A la gente le encantó”.

 

 

Autor: Amable Chahin / Twitter: @GazcueEsArte

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