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El año en que nevaron estrellas fugaces

La contemplación de estrellas fugaces es  de los espectáculos más hermosos que nos regala el . Entre otras muchas lluvias de meteoros periódicas cada año, las Perseidas amenizan el cielo nocturno entre los meses de julio y agosto, las Dracónidas en octubre y las Leónidas en noviembre. Estas últimas protagonizaron en 1833 un impresionante show natural que merece la pena recordar a la espera de la  nunca antes vista que se espera caiga a finales de este mes de mayo y que puede, si se cumplen las expectativas, dejarnos también sin aliento.

Pero volvamos al impresionante precedente que puede ponernos los dientes largos para lo que está por venir (así se espera la lluvia de estrellas de mayo), teniendo en cuenta, por supuesto, que se trata de una lluvia de estrellas diferente. Las Leónidas se originan por efecto del cometa Tempel-Tuttle y cada 33 años cobran especial intensidad. Eso es lo que ocurrió en 1.833 cuando, según las crónicas de la época, la noche del 13 de noviembre la costa oeste de Estados Unidos se vio iluminada durante más de 6 horas debido al constante caer de estas estrellas fugaces, caracterizadas por un particular color rojizo.

Aunque no lo vivió en persona, la escritora y astrónoma Agnes Clerke realizó una descripción de aquel día que aún se recuerda: “En la Noche del 12-13 de Noviembre de 1833, una tempestad de estrellas fugaces irrumpió sobre la tierra…el cielo fue barrido en todas direcciones con estelas brillantes e iluminado con bolas de fuego majestuosas. En Boston, la frecuencia de meteoritos se estimó como la mitad de copos de nieve que caen en una tormenta de nieve promedio. Su número era imposible de contar”.

Se dice que los meteoros que iluminaron el cielo no se contaron por miles, sino por cientos de miles. Tal fue la intensidad que los testigos compararon la situación con la caída de copos de nieve.

En 1.833 las lluvias de estrellas aún eran un fenómeno desconocido para el ciudadano de a pie. Esto dio lugar a que semejante espectáculo suscitara numerosas teorías entre las que el castigo divino y el advenimiento del Apocalipsisocuparon un lugar destacado porque “todas las estrellas caían del cielo”. Según escribió el historiador estadounidense R. M. Devens, “durante las horas del suceso, se creyó que el Juicio Final esperaba solo a la salida del Sol y, aún muchas horas después del cese de la lluvia, los supersticiosos creían que el Día Final llegaría en solo una semana”.

Fuente: ABC

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